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viernes, 23 de octubre de 2026

Venite ad me — Estudio Introductorio de carácter general

 ¿Cómo transmitir la fe cuando ya no puede suponerse que quien escucha comparte el lenguaje, las referencias o incluso las preguntas desde las que durante generaciones se anunciaba el Evangelio? Este estudio introductorio ofrece las claves para comprender Venite ad me, las Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. El documento no propone una fe distinta ni rebaja el contenido que la Iglesia ha recibido, sino que obliga a pensar con renovada profundidad cómo puede una persona llegar hoy a encontrarse realmente con Jesucristo y acoger como verdadera la fe que se le anuncia. Por eso distingue, sin separarlas, la adhesión creyente (fides qua) y el contenido creído (fides quae), y sitúa en el centro el kerygma, la conversión y el acompañamiento de itinerarios humanos muy diversos. Su novedad es, ante todo, pastoral: el Evangelio permanece; lo que exige discernimiento es cómo hacerlo verdaderamente audible en una época que ya no lo da por supuesto.  

DICASTERIO PARA LA DOCTRINA DE LA FE

VENITE AD ME

Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época

Estudio Introductorio de carácter general

sobre el documento ‘Venite ad me’

PRIMERA PARTE

Identidad, naturaleza y aportación teológica de Venite ad me

 

Escucha aquí el episodio completo:

 Introducción.

La transmisión de la fe como cuestión decisiva para la Iglesia

La transmisión de la fe pertenece a la identidad y a la misión de la Iglesia. Desde sus orígenes, la comunidad cristiana existe porque ha recibido el anuncio de Jesucristo muerto y resucitado, ha reconocido en Él la manifestación definitiva del amor de Dios y ha sido enviada a comunicar al mundo la salvación que ella misma ha acogido. La Iglesia no es la autora de la Revelación que anuncia, sino su destinataria y servidora. Su misión consiste en custodiar fielmente el don recibido, celebrarlo, vivirlo y transmitirlo a las generaciones sucesivas.

Esta responsabilidad adquiere una particular complejidad cuando las condiciones culturales que durante siglos facilitaron la transmisión de la fe experimentan transformaciones profundas. En numerosos ambientes, la pertenencia religiosa ya no constituye una referencia compartida de la vida familiar y social. La educación cristiana recibida durante la infancia no garantiza la continuidad de la práctica religiosa en la edad adulta, mientras que otras personas llegan a la fe después de haber vivido durante años sin contacto significativo con la Iglesia.

Estas circunstancias plantean interrogantes que no pueden resolverse únicamente mediante modificaciones organizativas. La cuestión afecta al modo en que la Iglesia comprende y desarrolla su misión evangelizadora: cómo anunciar a Jesucristo a quienes apenas lo conocen, cómo acompañar a quienes desean redescubrir la fe recibida y cómo favorecer que la verdad del Evangelio sea acogida como principio vivo de una existencia cristiana.

En este horizonte se sitúa Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época, publicado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe el 22 de octubre de 2026.

El documento constituye una invitación a examinar la transmisión de la fe desde una perspectiva que integra la iniciativa salvífica de Dios, la centralidad de Jesucristo, la respuesta personal del creyente y la responsabilidad evangelizadora de la comunidad eclesial. Su preocupación fundamental no es proponer un contenido doctrinal diferente del recibido por la Iglesia, sino reflexionar sobre las condiciones que pueden favorecer su acogida viva en las circunstancias históricas actuales.

Esta orientación determina tanto el interés como los límites del documento. Para comprenderlo adecuadamente, es necesario examinar su origen, su naturaleza institucional, la delimitación expresa de su objeto y la relación que establece entre la experiencia personal de fe y el contenido objetivo de la Revelación.

 

I.— El origen del documento y su inserción en la misión del Dicasterio para la Doctrina de la Fe

1.— Una reflexión promovida por dos pontificados

La publicación de Venite ad me responde a una iniciativa cuya gestación se remonta al pontificado de Francisco. Según explica el propio Dicasterio en los nn. 3 y 138, Francisco había solicitado en diversas ocasiones una reflexión sobre la transmisión de la fe. Esa petición fue posteriormente renovada por León XIV.

El documento señala que la celebración del Jubileo y la perspectiva del Jubileo de la Redención de 2033 constituyeron estímulos adicionales para avanzar en su preparación.

Su procedimiento institucional aparece también documentado en la fórmula final. El texto fue deliberado durante la sesión ordinaria del Dicasterio celebrada el 24 de junio de 2026 y aprobado por León XIV en la audiencia del 21 de agosto del mismo año, con la correspondiente orden de publicación. Finalmente, fue dado en Roma el 22 de octubre de 2026, memoria litúrgica de san Juan Pablo II.

Estos datos permiten identificar con precisión su procedencia institucional y su aprobación pontificia. Sin embargo, la valoración de su alcance magisterial exige atender igualmente al género que el propio documento declara y a la naturaleza de las diversas afirmaciones que contiene.

No todas las proposiciones de un texto eclesial poseen idéntico carácter. Una enseñanza doctrinal, una interpretación pastoral de las circunstancias históricas y una observación sociológica pueden encontrarse en un mismo documento sin que deban recibir automáticamente la misma calificación teológica.

Por esta razón, resulta indispensable respetar las distinciones internas de Venite ad me y evitar que su autoridad institucional se invoque para atribuir carácter definitivo a afirmaciones que el propio Dicasterio presenta como propuestas de reflexión o materias abiertas a posteriores investigaciones.

2.— La transmisión de la fe y la competencia doctrinal del Dicasterio

Puede surgir una pregunta legítima: ¿Por qué el Dicasterio para la Doctrina de la Fe dedica un documento a una cuestión que parece pertenecer especialmente al ámbito de la evangelización y de la pastoral?

La respuesta se encuentra, ante todo, en la relación intrínseca entre la verdad que la Iglesia custodia y la misión de comunicarla.

La constitución apostólica Praedicate Evangelium, de 19 de marzo de 2022, establece en su art. 69 que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ayuda al Romano Pontífice y a los obispos a proclamar el Evangelio, promoviendo y tutelando la integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral. Su competencia incluye también favorecer una comprensión cada vez más profunda del depósito de la fe ante los nuevos interrogantes.

Esta perspectiva había sido desarrollada en el motu proprio Fidem servare, de 11 de febrero de 2022, cuyo n. 2 encomienda a la Sección Doctrinal promover estudios que contribuyan al crecimiento de la comprensión y la transmisión de la fe al servicio de la evangelización.

Se trata de una disposición particularmente significativa para nuestro estudio. La promoción de la comprensión y transmisión de la fe no constituye una actividad ajena a la misión doctrinal, sino una dimensión expresamente prevista en la configuración institucional del Dicasterio.

La relación entre doctrina y evangelización debe comprenderse, por tanto, desde su vinculación interna. La Iglesia custodia la Revelación porque ha recibido una verdad destinada a ser anunciada, acogida y vivida. A su vez, la evangelización no puede desvincularse de esa verdad sin alterar la identidad del mensaje que transmite.

Esta relación tampoco elimina la distribución de competencias entre los organismos de la Curia romana.

El n. 139 de Venite ad me reconoce expresamente las responsabilidades del Dicasterio para la Evangelización, particularmente de su Sección para las Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en el Mundo. Tal reconocimiento resulta coherente con los arts. 53–60 de Praedicate Evangelium, que encomiendan a ese Dicasterio tareas específicas relacionadas con los métodos, las formas, los instrumentos y los lenguajes del anuncio del Evangelio.

No estamos, pues, ante una atribución exclusiva de la evangelización al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, sino ante una reflexión que este desarrolla desde su misión propia y reconociendo expresamente las competencias de otro organismo curial.

La significación institucional de Venite ad me reside en presentar la comprensión, custodia y transmisión de la fe como responsabilidades relacionadas, cuya distinción funcional no debe transformarse en una separación teológica.

Esta última formulación constituye una conclusión de nuestro análisis del documento y de la normativa examinada.

 

II.— La naturaleza del documento: unas Consideraciones, no una Nota doctrinal

1.— Una delimitación expresa de su género

El n. 8 de Venite ad me posee una importancia metodológica que difícilmente puede exagerarse. El Dicasterio declara expresamente que el texto pertenece al género de las Consideraciones, no al de una Nota doctrinal.

La finalidad principal consiste en estimular la reflexión eclesial y el compromiso pastoral sobre la transmisión de la fe. Para ello, el documento adopta una exposición que reúne perspectivas teológicas, observaciones culturales, sugerencias pastorales y testimonios de experiencias personales.

La elección de este género no es accidental. Responde a la naturaleza de una cuestión que requiere considerar tanto los principios permanentes de la fe como las circunstancias históricas en las que esa fe debe anunciarse.

El propio Dicasterio reconoce que no pretende cerrar todos los asuntos planteados y que su reflexión permanece abierta a ulteriores análisis y desarrollos.

Esta declaración debe desempeñar una función hermenéutica a lo largo de todo nuestro estudio.

Por una parte, impide exigir a Venite ad me la sistematicidad propia de un tratado completo de teología fundamental, de una exposición dogmática exhaustiva o de un documento destinado a formular determinaciones doctrinales precisas sobre una controversia particular.  Por otra, no autoriza a considerar irrelevantes sus formulaciones o a prescindir de su examen crítico.

La diversidad de materiales utilizados exige, precisamente, mayor atención para distinguir la enseñanza magisterial recibida de sus aplicaciones pastorales, así como las constataciones empíricas de las interpretaciones que se construyen a partir de ellas.

2.— La autoridad del documento y la naturaleza de sus afirmaciones

El carácter oficial de Venite ad me y su aprobación pontificia constituyen hechos documentados. Pero su correcta recepción requiere evitar una identificación indiscriminada entre autoridad institucional y carácter definitorio de cada proposición.

El documento reproduce enseñanzas consolidadas del Magisterio, propone interpretaciones pastorales y formula observaciones acerca de las transformaciones sociales contemporáneas. Cada una de estas dimensiones debe ser valorada conforme a su naturaleza.

Cuando recoge una enseñanza doctrinal del Concilio Vaticano II o de los pontífices anteriores, corresponde examinar qué afirma realmente la fuente y si la exposición del Dicasterio respeta su contexto.

Cuando plantea una propuesta pastoral, resulta necesario determinar cuál es su finalidad, qué presupuestos doctrinales la fundamentan y qué margen de adaptación admite en las diversas Iglesias particulares.

Cuando presenta datos relativos a la secularización, a las nuevas tecnologías o a las prácticas religiosas, su valoración requiere criterios históricos, estadísticos y sociológicos apropiados.

Esta diferenciación no pretende disminuir la importancia del documento. Busca precisamente garantizar una recepción fiel a su contenido, evitando atribuirle intenciones o afirmaciones que no se encuentran suficientemente fundamentadas.

 

III.— El objeto específico de Venite ad me: la acogida personal de la fe

1.— La delimitación del n. 5

El Dicasterio para la doctrina de la fe establece en el n. 5 una distinción que orienta todo el desarrollo posterior: la existente entre fides qua y fides quae.

La primera expresión — fides qua —designa la dimensión subjetiva del acto de creer, es decir, la adhesión personal por la que el ser humano responde a Dios que se revela. La segunda — fides quae —se refiere al contenido objetivo de las verdades creídas.

Se trata de una distinción clásica de la teología de la fe, que permite examinar diferentes aspectos de una misma realidad sobrenatural.

El documento declara que desea concentrarse principalmente en suscitar o reavivar la fides qua, especialmente entre quienes han abandonado la práctica religiosa o no han conocido todavía a Jesucristo. Al mismo tiempo, reconoce expresamente la tarea específica de la catequesis y de la formación cristiana, que deben ofrecer una introducción ordenada y gradual a la doctrina de la Iglesia.

Conviene precisar el alcance de esta elección.

La delimitación del objeto no significa que el contenido doctrinal sea secundario, que pueda modificarse según las circunstancias culturales o que resulte prescindible para el nacimiento y maduración de la fe.

Significa que el Dicasterio ha decidido examinar particularmente una cuestión: Cómo favorecer que el anuncio cristiano sea acogido personalmente por quienes lo reciben.

La distinción entre ambos aspectos no puede convertirse, por tanto, en una separación sustancial entre el acto de creer y aquello que se cree.

2.— La inseparabilidad entre adhesión personal y contenido revelado

El propio documento proporciona los elementos necesarios para evitar esa separación.

En el n. 74, al examinar la naturaleza de la fe, presenta conjuntamente la entrega personal a Cristo bajo la iluminación de la gracia y las verdades creídas que explicitan el contenido de esa entrega.

Esta afirmación resulta especialmente significativa a la luz de Dei Verbum, n. 5.

La Constitución dogmática del Concilio Vaticano II describe la respuesta humana a la Revelación mediante la obediencia de la fe. Esa respuesta implica la entrega libre de toda la persona a Dios que revela, así como el asentimiento de la inteligencia y de la voluntad, bajo la acción de la gracia divina.

La fe cristiana posee, en consecuencia, una dimensión personal irreductible, pero su carácter personal no permite entenderla como una experiencia carente de verdad objetiva.

El creyente no se adhiere simplemente a una vivencia interior que él mismo interpreta autónomamente. Responde a Dios que se ha manifestado en la historia y cuya Revelación alcanza su plenitud en Jesucristo.

Del mismo modo, la formulación doctrinal de la fe no constituye un añadido arbitrario a una experiencia religiosa previamente completa. Expresa, explica y custodia el contenido de la Revelación acogida.

Esta unidad encuentra una confirmación particularmente importante en el n. 138 de Venite ad me, donde el Dicasterio declara que la atención a la transmisión de la fe no supone alejarse del depositum fidei ni reducir la reflexión a la dimensión subjetiva de la fides qua.

Se trata de una aclaración interna del propio documento, que posee especial importancia para interpretar las formulaciones de los capítulos anteriores.

3.— Una consecuencia metodológica: la prioridad del anuncio no es una separación doctrinal

El n. 5 afirma que la reflexión sobre la fides qua precede a la cuestión de la transmisión del depósito de la fe, que no pretende abordar exhaustivamente.

Sería equivocado deducir de esta formulación que la Iglesia debe suscitar primero una experiencia religiosa desvinculada del contenido revelado y comunicar solamente después la verdad doctrinal. Pensemos en un ejemplo muy concreto (no están en el documento):

Un joven de 25 años se acerca a una parroquia porque atraviesa un momento difícil y desea conocer a Dios.

Sería equivocado plantear su acompañamiento de esta manera:

«Primero vamos a conseguir que tengas una experiencia espiritual, que te sientas acogido, que experimentes paz y que descubras que Dios te ama. Más adelante, cuando hayas vivido esa experiencia, ya te explicaremos quién es Jesucristo, qué significa su muerte y resurrección y qué enseña la Iglesia».  ¿Por qué sería equivocado? Porque la experiencia cristiana de fe no está separada de la verdad que se anuncia.

Desde el primer momento podemos acoger a ese joven, escuchar sus dificultades y anunciarle algo concreto: «Dios te ama y no es indiferente a lo que estás viviendo. Ese amor se ha manifestado en Jesucristo, que murió y resucitó por nosotros y te invita a entrar en una relación con Él».

Observa lo que sucede: estamos favoreciendo un encuentro personal con Jesucristo y, al mismo tiempo, estamos transmitiendo verdades fundamentales de la fe cristiana.

No necesitamos explicarle el Catecismo entero en el primer encuentro. La formación doctrinal podrá desarrollarse progresivamente. Pero el anuncio inicial ya contiene una verdad sobre Dios, sobre Jesucristo y sobre la salvación.

Un segundo ejemplo: un adulto que pide el Bautismo

Imaginemos que una mujer de 35 años solicita prepararse para recibir el Bautismo. No tendría sentido decirle: «Durante los primeros meses vamos a trabajar exclusivamente tus experiencias religiosas; después empezaremos a hablar de la Santísima Trinidad, Jesucristo y la Iglesia».

Desde el comienzo del catecumenado, la persona escucha el Evangelio, conoce a Jesucristo y aprende a responderle mediante la fe. A medida que avanza su itinerario, profundiza en las verdades que inicialmente ha recibido.

Esta es la distinción fundamental que necesitamos comprender para interpretar Venite ad me:

La fides qua es el acto personal por el que creemos y nos entregamos a Dios; la fides quae es la verdad revelada que creemos.

Podemos distinguirlas para estudiarlas, pero no debemos separarlas en la vida cristiana. Cuando una persona comienza a creer en Jesucristo, ya está acogiendo alguna verdad sobre Él, aunque todavía necesite una formación doctrinal mucho más completa.

Por tanto, el primer anuncio no consiste en ofrecer una experiencia religiosa sin doctrina, sino en anunciar las verdades centrales de la fe de una manera que invite a la persona a acogerlas y vivirlas.

La precedencia de la que habla el documento debe interpretarse atendiendo a la delimitación de su objeto y al conjunto de su argumentación.

En efecto, cuando el Dicasterio desarrolla la centralidad del kerygma, el anuncio que propone posee un contenido cristológico y trinitario preciso: Jesucristo, muerto y resucitado, manifiesta y comunica el amor salvífico del Padre mediante la acción del Espíritu Santo.

No estamos ante una invitación genérica a la espiritualidad, sino ante la proclamación del acontecimiento central de la fe cristiana.

Esta precisión permite comprender por qué la prioridad del kerygma no equivale a una disminución del contenido doctrinal. Su función consiste en manifestar el centro desde el cual las demás verdades de la fe adquieren su adecuada articulación.

 

IV.— Las dos imágenes que orientan la lectura: la invitación de Cristo y la luz de la fe

1.— «Venid a mí»: la iniciativa personal de Jesucristo

El título del documento procede de Mt 11,28, donde Jesús invita a acercarse a Él a quienes están cansados y agobiados y les promete alivio.

La elección de este pasaje determina desde el comienzo la perspectiva del texto.

La transmisión de la fe se contempla desde una iniciativa de Jesucristo que sale al encuentro del ser humano en la realidad concreta de su existencia.

La llamada del Señor se dirige a personas que experimentan dificultades, preguntas, sufrimientos y necesidades reales. El anuncio cristiano no aparece, por tanto, desligado de la condición humana de sus destinatarios.

Ahora bien, resulta importante respetar el sentido cristológico de la referencia bíblica.

En Mt 11,28–30, la invitación a encontrar descanso forma parte de las palabras mediante las cuales Jesús llama a sus oyentes a acudir a Él y aprender de Él. No se trata simplemente de ofrecer bienestar emocional, sino de situar la existencia bajo la relación de discipulado con el Señor.

Desde esta perspectiva, el uso del pasaje por parte del Dicasterio debe comprenderse dentro del anuncio de Jesucristo como Salvador.

El consuelo que ofrece el Evangelio no puede reducirse a la satisfacción inmediata de necesidades psicológicas, aunque la acogida de Cristo pueda transformar profundamente la experiencia humana del sufrimiento.

La imagen evangélica posee así una función decisiva: recuerda que el centro del anuncio no es primordialmente un programa de renovación institucional, sino la persona de Jesucristo que llama al hombre a entrar en comunión con Él.

2.— La luz verdadera y su transmisión eclesial

La segunda imagen fundamental aparece en el n. 2: Jesucristo es presentado como la luz verdadera que ilumina la existencia y vence las tinieblas de la muerte.

La referencia a Jn 1,6–9 y 8,12 sitúa el argumento dentro de la cristología del cuarto evangelio.

La luz no es aquí una metáfora indeterminada del conocimiento humano. Remite a Jesucristo, en quien se manifiesta la Revelación divina y se ofrece la vida. Esta perspectiva ilumina también la misión de la Iglesia.

La comunidad creyente está llamada a comunicar una luz que no procede de ella misma. Ha recibido el anuncio de Cristo y existe históricamente para transmitirlo.

Por ello, las diversas mediaciones eclesiales —predicación, liturgia, vida fraterna, caridad, testimonio y catequesis— solo pueden comprenderse adecuadamente desde su referencia al Señor.

La conclusión del documento recupera expresamente esta imagen mediante el simbolismo del cirio pascual en la Vigilia Pascual.

La relación entre el comienzo y el final de Venite ad me es significativa. La luz que Cristo comunica se transmite entre los creyentes sin perder su origen cristológico.

Esta correspondencia no constituye una teoría técnica de la transmisión de la fe, pero ofrece una clave literaria y teológica para comprender la unidad del documento.

 

V.— La aportación específica de Venite ad me a la reflexión eclesial

1.— No una nueva doctrina, sino una

nueva concentración del problema pastoral

Conviene distinguir cuidadosamente entre novedad doctrinal y novedad de planteamiento.

Venite ad me no presenta como nuevas las enseñanzas sobre la iniciativa de Dios, la centralidad de Jesucristo, la gracia, la respuesta personal de la fe o la responsabilidad evangelizadora de la Iglesia.

Estas convicciones pertenecen al patrimonio bíblico y magisterial anterior, que el documento recoge y aplica.

Su aportación debe buscarse principalmente en el modo de articular esas enseñanzas ante una cuestión histórica específica: la creciente dificultad para transmitir la fe de una generación a otra en contextos donde la socialización cristiana ha perdido continuidad.

El documento desplaza la atención hacia las condiciones reales de recepción del anuncio, sin declarar que deba modificarse la verdad anunciada.

Este desplazamiento del centro de interés constituye una de sus contribuciones pastorales más significativas.

2.— De la transmisión presupuesta a la evangelización explícita

Durante largos períodos históricos, numerosos ambientes católicos pudieron desarrollar sus actividades pastorales contando con una cierta familiaridad previa de la población con las verdades y las prácticas fundamentales del cristianismo.

Esa familiaridad podía transmitirse a través de la familia, la escuela, las costumbres sociales y la participación ordinaria en la vida de la Iglesia.

El documento reconoce que tales condiciones han cambiado profundamente en numerosos lugares. De ahí surge una cuestión pastoral decisiva: No basta con organizar la formación religiosa suponiendo que quienes participan en ella han recibido previamente un anuncio personal y significativo de Jesucristo.

La preparación para los sacramentos, la educación cristiana y la vida parroquial pueden encontrarse con personas que conocen determinadas expresiones religiosas, pero no han desarrollado una adhesión creyente consciente y estable.

Esta situación invita a reconsiderar el lugar del primer anuncio y del acompañamiento personal dentro de los procesos formativos.

El interés de Venite ad me consiste en plantear esa necesidad sin declarar superada la catequesis doctrinal.

3.— El redescubrimiento de los adultos como destinatarios del anuncio

Una de las consecuencias más importantes de esta perspectiva afecta a la evangelización de los adultos.

Cuando disminuye la continuidad de la transmisión familiar, la Iglesia ya no puede dar por supuesto que los padres poseen la formación y la experiencia creyente necesarias para introducir a sus hijos en la vida cristiana. Por ello, la transmisión a las nuevas generaciones exige atender también a la situación de quienes deberían desempeñar ordinariamente un papel esencial en ella.

La renovación evangelizadora no puede limitarse a mejorar los materiales destinados a la infancia. Necesita considerar cómo los adultos pueden descubrir o redescubrir la fe y encontrar comunidades que acompañen su crecimiento cristiano.

Esta conclusión no implica atribuir a la familia una responsabilidad exclusiva ni reducir la misión de la Iglesia a suplir sus carencias. Invita a comprender de manera más articulada las relaciones entre vida familiar, comunidad eclesial, anuncio y formación.

4.— La pluralidad de caminos y la unidad del anuncio

Otra aportación significativa del documento consiste en reconocer la diversidad de circunstancias en las que una persona puede comenzar a acercarse a Cristo. La amistad, una experiencia de sufrimiento, el encuentro con una comunidad acogedora, la belleza, la oración, el servicio a los pobres o la participación en determinadas expresiones de piedad pueden constituir ocasiones para una búsqueda espiritual. Los testimonios del capítulo VIII ilustran esa pluralidad.

Sin embargo, el reconocimiento de caminos diversos no significa que todos posean idéntica naturaleza teológica o que produzcan necesariamente una respuesta de fe.

La experiencia humana que despierta una pregunta religiosa debe distinguirse del anuncio explícito de Jesucristo y del proceso de conversión que puede seguirle.

La aportación pastoral de Venite ad me consiste precisamente en animar a la Iglesia a reconocer las distintas circunstancias por las que una persona puede acercarse a Jesucristo y acompañarla en su camino de fe, sin pensar que existe una única manera de evangelizar válida para todos. Pensemos en tres personas que se acercan a la Iglesia por motivos muy diferentes (no están en el documento).

Primer caso: Un joven que participa en una cofradía. Comienza acompañando a sus amigos en las procesiones de Semana Santa. Le atraen la música, las imágenes y el ambiente de fraternidad. Con el tiempo, empieza a preguntarse quién es realmente ese Cristo al que acompañan por las calles. La comunidad puede aprovechar esa inquietud para ayudarle a conocer el Evangelio y descubrir el significado de la fe.

Segundo caso: Una mujer que atraviesa una situación dolorosa. Después de perder a un ser querido, entra en una iglesia buscando consuelo. Allí encuentra a una persona que la escucha, la acompaña y, respetando su proceso, le ayuda a descubrir la esperanza cristiana en la Resurrección. Su acercamiento a la fe comienza a través del sufrimiento y de la acogida recibida.

Tercer caso: Un matrimonio que se acerca a la parroquia para bautizar a su hijo. Inicialmente, su interés se limita a celebrar una tradición familiar. Sin embargo, durante la preparación, descubren una comunidad cristiana que les ofrece la posibilidad de profundizar en su propia fe y comenzar un camino de vida cristiana.

¿Qué tienen en común estos tres casos?

Las circunstancias iniciales son distintas: una tradición popular, una experiencia de sufrimiento y una celebración familiar.

Por eso, no tendría sentido acompañar a las tres personas exactamente de la misma manera, como si todas tuvieran las mismas preguntas, necesidades y conocimientos religiosos.

La Iglesia debe saber reconocer la situación de cada una, escucharla y ayudarla a avanzar desde donde se encuentra.

Ahora bien, hay algo fundamental que no cambia: en los tres casos, la finalidad de la evangelización es anunciar a Jesucristo y favorecer una respuesta personal de fe que pueda crecer en la comunidad cristiana.

Esta es la idea que queremos expresar al explicar Venite ad me: la Iglesia puede acompañar caminos personales muy diferentes, sin que por ello cambie el Evangelio que anuncia.

La diversidad está en los caminos de acercamiento; la unidad, en Jesucristo, a quien la Iglesia anuncia.  

5.— Una contribución abierta, no un modelo pastoral cerrado

El documento no establece un método exclusivo de evangelización para todas las Iglesias particulares.

Su género de Consideraciones permite comprenderlo como una aportación a un discernimiento eclesial que deberá desarrollarse atendiendo a las circunstancias concretas de los diversos pueblos y comunidades.

Esta apertura constituye una característica deliberada del texto.

No autoriza, sin embargo, a considerar equivalentes todas las propuestas pastorales ni a prescindir de los criterios doctrinales que deben orientar su discernimiento.

El anuncio cristiano posee una identidad que precede a sus diversas formas históricas de comunicación.

La pluralidad de mediaciones será verdaderamente fecunda en la medida en que permanezca vinculada a Jesucristo, a la verdad de su Evangelio y a la comunión de la Iglesia.   

Conclusión de esta primera parte

La lectura de la introducción y de las declaraciones finales de Venite ad me permite comprender con claridad el propósito de sus Consideraciones: ofrecer a la Iglesia una reflexión sobre la transmisión de la fe que atienda especialmente a su acogida personal en las circunstancias del cambio de época.

El documento parte de una convicción cristológica: la fe cristiana nace del encuentro con Jesucristo, en quien se manifiesta el amor salvífico del Padre y cuya presencia es acogida bajo la acción del Espíritu Santo. Desde ese fundamento, el Dicasterio contempla las dificultades contemporáneas de transmisión y propone renovar los caminos del anuncio, la vida comunitaria y el acompañamiento creyente.

Su enfoque no constituye, en sí mismo, una sustitución del contenido doctrinal por la experiencia subjetiva. El propio documento declara la relación necesaria entre la adhesión personal y las verdades creídas, así como la permanencia del depositum fidei dentro de la misión de la Iglesia.

La aportación específica de Venite ad me puede situarse, por tanto, en la atención a las condiciones personales, culturales y eclesiales que hacen posible la acogida viva del Evangelio, especialmente allí donde la transmisión tradicional de la fe ha perdido continuidad.

Esta orientación ofrece un marco para examinar sus capítulos posteriores, pero no anticipa la valoración crítica de cada una de sus propuestas. Su adecuada recepción requiere conservar tanto la centralidad de Jesucristo como la integridad de la fe y la especificidad de las mediaciones por las que la Iglesia participa en su transmisión.

 

Referencias documentales de esta primera parte

Fuente principal

Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época, 22 de octubre de 2026, especialmente nn. 1–8, 74 y 138–139.

Texto paralelo: edición oficial italiana.

Fuentes magisteriales y normativas complementarias

Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum, 18 de noviembre de 1965, especialmente nn. 2, 5 y 8.

Francisco, exhortación apostólica Evangelii gaudium, 24 de noviembre de 2013, especialmente nn. 164–165.

Francisco, carta apostólica en forma de motu proprio Fidem servare, 11 de febrero de 2022, n. 2.

Francisco, constitución apostólica Praedicate Evangelium, 19 de marzo de 2022, especialmente arts. 53–60 y 69–71. 

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Autor de Derecho Canónico Práctico

Roberto García Villumbrales

Presbítero diocesano de la diócesis de Palencia (España). Licenciado en Derecho Canónico por la Universidad de Navarra, Abogado Rotal y Máster en Derecho Matrimonial y Procesal Canónico por la UNAV. Actualmente es Notario del Tribunal Eclesiástico y Promotor de Justicia.

Este blog nace de una convicción sencilla: el derecho de la Iglesia no es un obstáculo para la vida pastoral, sino una ayuda para vivirla con más justicia, comunión y responsabilidad. En «Derecho Canónico Práctico – Cuaderno de Derecho Canónico» encontrarás recursos claros y prácticos sobre la vida jurídica de la Iglesia: explicaciones de cánones, preguntas frecuentes, guías, audios formativos y materiales de consulta. Está pensado para sacerdotes, agentes de pastoral, estudiantes y personas interesadas en comprender mejor el derecho canónico sin perderse en tecnicismos innecesarios.

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